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    Venezuela Bolivariana: 4 de febrero, cualquier parecido….

    Artículo enviado por su autor: Jorge Luis Ubertalli Ombrelli * (4/2/2017)
    En la madrugada del 4 de febrero de 1992, 12 batallones de las Fuerzas Armadas venezolanas, conformados por cinco tenientes coroneles, 14 mayores, 54 capitanes, 67 subtenientes, 65 suboficiales, 101 sargentos y 2056 soldados, se alzaron en armas contra la “democracia” colonial ejercida por Carlos Andrés Pérez. Reprimidos a sangre y fuego, los uniformados, conducidos por el entonces teniente coronel de paracaidistas Hugo Chávez Frias, debieron deponer las armas. Hugo Chávez Frias terminó en la cárcel, pero el Movimiento Bolivariano Revolucionario-200  (MBR-200), que había puesto en ejecución el Plan Ezequiel Zamora, se proyectó como un rayo de luz sobre la ignominiosa noche de la componenda y la traición de los “demócratas”, engendrados históricamente en el Pacto de Punto Fijo de 1958, cuando los dos “partidos” tradicionales del país se pusieron de acuerdo para esquilmar sin solución de continuidad  y alternadamente al pueblo, liquidar la nación y traicionar a la patria.
    Cuando esto sucedía, en nuestro país el menemismo ya se revolcaba en las ciénagas del “neoclasicismo” (llamado también neoliberalismo), y la Argetina se debatía entre la insolencia de la cúspide gubernamental, al servicio de los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, el latrocinio público y el desmantelamiento de la nación, en el marco de la liquidación de industrias y puestos de trabajo.
    Cuando Chávez y sus compañeros de armas saltaron a la palestra de la historia, muchos no dimos crédito a su patriada, y me incluyo en ello. La histórica actuación cipaya de las Fuerzas Armadas argentinas, fundamentalmente en lo que se llamó “guerra contra la subversión”; el Plan Cóndor, de exterminio masivo de militantes contrarios a las dictaduras cívico-militares que nacieron en el marco de la asunción de la “deuda externa” en el Cono Sur y adyacencias; las propias dictaduras que asolaron Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Perú y otros países de Nuestra América del sur en los años 70 y 80 como brazos armados del imperialismo y las empresas multinacionales y otros sucesos hicieron que todos aquellos que comulgábamos con la liberación nacional y social de nuestras patrias desconfiáramos de cualquier alzamiento militar en cualquier parte del hemisferio occidental.
    En tanto la derrota en la Guerra de Malvinas iniciaba el fin de la dictadura cívico-militar argentina, en el marco de un plan orquestado por el imperialismo norteamericano y su socio británico de ‘usar y luego tirar’, el MBR-200 iniciaba en Venezuela su periplo bolivariano. Que se plasmó 10 años más tarde en el alzamiento militar acaudillado por Chávez;  alzamiento que rompió con los esquemas tradicionales del “golpe” al servicio de la potencia imperial extranjera y los ricos…

    Cualquier parecido es….
    La rebelión militar del MBR-200 no se llevó a cabo para terminar con la “democracia” e iniciar una “dictadura”. Se realizó para frenar la embestida reaccionaria del capital imperialista y sus agentes en la Venezuela del “socialdemócrata” Carlos Andrés Pérez, compinche de los “socialcristianos” del COPEI. En el crepúsculo de los años 80, el neoliberalismo había fincado sus garras en todo el subcontinente, y Venezuela no se libraba de ello: Aumento del Déficit Fiscal, Aumento de la Deuda Externa, represión y asesinatos de la DISIP y otros engendros represivos a los mejores hijos del pueblo, devaluación del bolívar, subsidios y protección estatal a los grandes capitalistas en el marco de acuerdos con el FMI, el Banco Mundial y otros entes económico-financieros neocoloniales, el fin de las regulaciones a la explotación laboral (flexibilización), aumentos de precios y disminución del poder adquisitivo del salario, apertura de importaciones y liquidación de industrias locales, -como la textil-, etc., fueron los signos de la entrega del país – y de otros como el nuestro-a la voracidad del capital y la superexplotación del pueblo, que en 1988 y en Venezuela se abstuvo de votar en dos millones de ciudadanos- 18% del padrón-  en un claro mensaje a los saqueadores. Mensaje que 4 años después se emblematizó en los uniformados armados y en su jefe, el Comandante Hugo Chávez Frias, patriota, revolucionario y socialista, terminado de formar en la cárcel.
    A 25 años de aquella gesta, la Venezuela Bolivariana se halla asediada por los mismos que auspiciaron y dictan órdenes al desgobierno entreguista, cipayo y hambreador de Mauricio Macri y su pandilla en la República Argentina.
    Aquí, la corrupción y venalidad de los políticos de distintos signos que homologan un puntofijismo local; el maridaje de supuestos conductor@s con la dictadura encubierta que asuela la Argentina en el marco de garantizar la “gobernabilidad” del traidor y su pandilla; la traición de supuestos “dirigentes” sindicales a sus bases burladas, hambreadas y entregadas a la voracidad del capital; el  contubernio de “dirigentes sociales” con el desgobierno y la liquidación del país macrista a fin de apaciguar a los hambrientos con migajas y otras muchas defecciones, traiciones y agachadas han sentado las bases para que alguien diga  ¡basta ya!. Basta de explotación de la clase trabajadora, de la liquidación de la Nación y de la entrega de la Patria y sus territorios al extranjero.
    Cualquier parecido con aquella realidad es - o será- pura coincidencia cuando se anuncie que la joda macrista y la de sus comparsas llegó a su fin. El emblema de Chávez está presente en cada uniformado y civil de la Venezuela Bolivariana; en cada hijo o hija del pueblo de Nuestra Indoamérica Latina, con o sin uniforme, que siente, con dolor y rabia,  clavarse en el costado de su Patria el puñal del capitalismo imperialista tal cual es: subhumano, saqueador, hambreador y rastrero.
    Chávez, Bolívar y San Martín viven en nosotros.


    *Jorge Luis Ubertalli nació en Valentín Alsina, Provincia de Buenos Aires, periodista, poeta y escritor. En los 80 estuvo en Nicaragua oficiando de periodista y como profesor en la Universidad Nacional de Nicaragua. Fue secretario de Prensa de la Asociación Indígena de la República Argentina (AIRA) y responsable del Consejo Asesor Indígena de Rio Negro (CAI),  redactor en los diarios argentinos La Voz y Sur, colaborador de la revista Crisis, de la Agencia de Noticias Prensa Latina, de Telesur y la Agencia Latinoamericana de Información,(ALAI), entre otros medios nacionales e internacionales.