Por: Julio A. Louis
En los países dependientes los programas
educativos aplicados son impuestos o influidos desde el exterior, lo que
también sucede con todos los culturales, los económicos, los sociales, los
políticos. Desde el Club de Bilderberg -donde los súper millonarios y
empresarios se reúnen con los políticos de las principales potencias y se
rodean de científicos e intelectuales del más alto nivel- se proyectan
decisiones en todos los ámbitos, que las canalizan a través de instituciones
como la ONU, la OTAN, el FMI y el Banco Mundial. Así fue, por ejemplo, la
Reforma Rama.
Los intereses del bloque del gran capital
El bloque del gran capital trasnacional, para
consolidar su poder y su hegemonía, escinde
los valores impartidos a los suyos, tendentes a afirmar el sistema
capitalista, a formar individuos aptos para competir en el mercado, de otros
valores, que formen asalariados embrutecidos y sumisos; escinde una educación
privada con recursos, de mejor calidad, para los primeros, y una pública, de
peor calidad, para las clases y sectores populares. En Uruguay logra un gran
avance durante la dictadura de la “Seguridad Nacional” (1984) rompiendo el
monopolio de la Universidad de la República, y creando la primera universidad
privada, la católica, a la que le siguen otras.
A esto se agrega que la enseñanza privada no
paga aportes patronales a la seguridad social, y se exonera de impuestos a
las empresas donantes, lo que significa
que el Estado financia las prestaciones sociales de los
trabajadores de esas instituciones, y
permite que se desvíe dinero que debe ingresar a sus arcas para financiar la enseñanza privada,
resignando impuestos. O sea que, todos los ciudadanos pagan, algunos pagan menos
(las instituciones privadas de enseñanza), y pocos empresarios deciden sobre
parte de lo que pagamos, apareciendo como filántropos.
Lógicamente, combaten a los sindicatos de
docentes y funcionarios, golpeando sus flancos débiles, en pos de aumentar la
influencia de los centros privados y disminuir el gasto y el rol de la
Enseñanza Pública.
Esa actitud tiene su explicación en un añorado
mundo sin fronteras, donde los Estados Nacionales molestan, y en que se ha
creado un mercado de trabajo donde la mano de obra de los países ricos está en
competencia con la de los países donde los salarios son diez o veinte veces
inferiores. Ello determina que en los países industrializados, de modo
ininterrumpido, bajen los salarios y aumente el desempleo. Y por supuesto, con
la telaraña de los TLC que se imponen a los países dependientes, también en
ellos, descienden los salarios y aumenta el desempleo. La nueva pobreza es
pues, estructural: no hay trabajo, ni alimentos, ni cuidados médicos para gran parte de la población mundial:
casos extremos son Haití, África, Siria, etc. Los excluidos y marginados no importan como consumidores y conforman
una humanidad diferente, cuyo destino no interesa al gran capital.
En este
panorama, la educación, como aparato ideológico, está en disputa. Y es clave
para lograr la hegemonía del bloque social dominante, que -además de la
coerción del poder- agregue la capacidad de convencer, de penetrar con sus
ideas y valores a los dominados. Pero esa capacidad de convicción (hegemonía)
solo reside parcialmente en el Estado; además, radica en lo que Gramsci
denomina “la sociedad civil”, la red de instituciones culturales, partidos,
sindicatos, cooperativas, iglesias, medios de comunicación, etc. De allí que la
transformación de las estructuras requiere ante todo y por sobre todo, batalla
de ideas, convencer a las mayorías explotadas y oprimidas para que se eduquen y
lleven adelante los programas que las expresan, sin lo cual la pretensión de
“tomar el poder” (al estilo de la Bastilla o del Palacio de Invierno) es inútil.
Las diez estrategias de manipulación
La educación no se imparte solo desde los
centros de enseñanza. El lingüista estadounidense Noam Chomsky ha elaborado las
“diez estrategias de manipulación” a través de los medios, de las cuales
destacaré algunas. La primera, la de la distracción, elemento primordial del
control social, consistente en desviar la atención del público de los problemas
importantes y de los cambios decididos por las élites económicas y políticas,
mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de
informaciones insignificantes, que es indispensable para impedir al público que
se interese por los conocimientos esenciales y mantenerlo lejos de los
problemas sociales, sin tiempo para pensar. Utilizar el aspecto emocional mucho
más que el racional, con el fin de implantar ideas, deseos, miedos, e inducir comportamientos. En
sentido similar, el neurobiológico y socialista noruego Gernot Ernst,
fundamenta razones por la cual el pueblo pobre apoya a las derechas: primero,
los medios muestran hechos que provocan miedo; luego aparece el “candidato”
protector, que provoca un sentimiento patriarcal, puesto que al padre se le
cree, sea Trump, Rajoy o Macri. Mantener al público en la ignorancia y la
mediocridad. Y conocer a los individuos mejor de lo que ellos se conocen a sí
mismo, merced a los avances de la biología, neurobiología y sicología, lo que
permite su mayor control.
La educación vista “por ellos” y “por nosotros”
Cuando
los políticos o académicos que responden a los intereses de ese bloque del gran
capital se “preocupan” por la educación, cumplen la función de desacreditar los
avances logrados por los gobiernos progresistas. Sin embargo, a la vez,
propugnan “la apertura comercial” con los denominados tratados de libre
comercio, preocupados (sin comillas) por incrementar las exportaciones de sus
empresas, al tiempo que les importa un bledo el hecho que tales tratados
incrementan las importaciones de bienes y servicios, empujando a una mayor
des-industrialización, y por ende, a mayor
miseria y marginación social. En cambio, la visión de los trabajadores y
del bloque popular alternativo parte de saber que si bien, pueden haber avances
parciales, no podrá haber una profunda transformación educativa sin que la haya
en las diversas estructuras, lo que equivale a una profunda revolución.
jlui@vera.com.uy
