Por Gabriela Cerruti.| 9 de noviembre de 2016
El flamante presidente norteamericano tiene un
pasado con Mauricio Macri. Ellos prefieren no recordar sus años juveniles en
Nueva York, cuando compartieron negocios, relaciones con la Cosa Nostra y un
fracasado megaproyecto inmobiliario. En los 80 Macri recibió de manos del hoy
Presidente republicano un cheque por ciento cincuenta millones de dólares.
Manliba, la empresa de residuos del grupo Macri, nació asociada a Waste
Management Inc, de la cual 32 directivos terminaron presos por vínculos con la
mafia italiana.
El secreto mejor guardado entre Donald Trump,
Mauricio y Franco Macri es qué sucedió en aquella suite del Sherry Netherlands
Hotel en la que sellaron un acuerdo de negocios y silencio. Mauricio se quedó
con un cheque de 150 millones de dólares y la amistad perpetua del magnate de
la televisión norteamericana. Trump, con un negocio inmobiliario en West
Manhattan y la promesa de inversiones en la Argentina. Franco, con la sensación
para siempre de que lo habían traicionado. Ni Macri ni Trump soñaban entonces
con ser presidentes.
“Me acuerdo lo que me impactó ese cheque”,
recuerda el ahora Presidente argentino. “Me acuerdo que cuando ví esa cantidad
de ceros pensé: nunca más voy a ver un cheque así en mi vida”. Fue el primer
gran negocio de la Familia que quedó en manos de Mauricio y el intento de los
Macri por hacer pie en la intrincada Manhattan de los años ochenta. Pero Nueva
York, y en particular el negocio inmobiliario, el de la recolección de residuos
y el de los juegos de azar, estaba dominado en ese momento por las cinco
familias de La Cosa Nostra, la mafia italiana.
Los vínculos de Trump y Macri con la Maffia
neoyorkina forman parte de ese pacto de silencio.
Trump ha intentó durante toda la campaña
electoral escapar de las acusaciones sobre sus oscuros negocios inmobiliarios y
del juego, y su vinculación con agentes del FBI, arrepentidos de la Maffia y
gángsters de todo tipo, pero el tema ha salido a la luz por una serie de
investigaciones y entrevistas realizadas por The Washington Post,
reconstruyendo la biografía del candidato republicano. No fueron suficientes
para arrebatarle la Presidencia.
En una investigación de Robert O’Harrow Jr, el
Post bucea en la relación de Trump con Daniel Sullivan, un joven sindicalista
de la construcción que se convirtió en su mano derecha y principal asesor para
los negocios inmobiliarios. Sullivan era un miembro de La Cosa Nostra reclutado
por el FBI como informante. De la mano del alcalde Edward “Ed” Koch, Trump
llevaba adelante en ese momento proyectos inmobiliarios y se quedaba con los
principales casinos de la Ciudad.
Alentado por los millonarios negocios que hacía
Koch en la Argentina durante la dictadura militar y con muchos dólares para
sacar del país, los Macri llegaron a Nueva York para asociarse con Waste
Managment Inc y formar Manliba.
Fue Koch, precisamente, uno de los nexos entre
Macri y Trump. Alentado por los millonarios negocios que hacía en la Argentina
durante la dictadura militar y con muchos dólares para sacar del país, los
Macri llegaron a Nueva York para asociarse con Waste Managment Inc y formar
Manliba, la empresa de recolección de residuos con la que se privatizó por
primera vez ese servicio en la ciudad de Buenos Aires durante la intendencia
militar del brigadier Orlando Cacciatore.
Waste Managament Inc y SIDECO también
incursionaron como sociedad en el negocio en Brasil, quedándose con ENTERPA
AMBIENTIAL SA de Brasil durante el mismo período en que FLEG TRADING ponía los
9,3 millones de dólares para adquirir la parte de SOCMA AMERICANA en OWNERS.
Waste Managment Inc. fue investigada por sus vínculos con las cinco familias de
La Cosa Nostra, principalmente los Genovese, y treinta y dos de sus principales
directivos terminaron en prisión.
El encargado de abrir las puertas a los Macri en
ese mundo ítalo neoyorkino fue Giorgio Nocella, un amigo que llegó de la mano
del Avvocato Giovanni Agnelli, uno de los hombres más poderosos de Italia en
los años ochenta. Agnelli, capo de la Fiat, presentó a Nocella y Macri, y desde
entonces pasaron a formar una Familia en la que compartían cumpleaños, negocios
y sociedades offshore. Varias de esas sociedades son las que han aparecido
recientemente en los Panamá Papers y los Bahamas Leaks que han publicado
diarios de todo el mundo, así como Página 12 y La Nación en la Argentina.
Nocella llevó a Sideco y los Macri a Venezuela,
para incursionar en el negocio del petróleo y las autopistas, y allí conocieron
a Diego Arría, entonces intendente de Caracas y hoy ferviente opositor al
gobierno de Nicolás Maduro, y a Abraham Hirschfeld, un sofisticado personaje
centro de relaciones políticas, empresariales y mafiosas en los Estados Unidos.
Ese grupo de negocios es el que desembarcó en Nueva York para intentar el sueño
americano aliado con Donald Trump.
Alentados por haberse quedado con el negocio de
la basura, Franco envió a Mauricio Macri a instalarse en los Estados Unidos
para llevar adelante su proyecto inmobiliario. Se trataba de un complejo de
torres en Penn Station, una vieja playa de maniobras de ferrocarriles en la
zona Noroeste de Manhattan. Las tierras habían sido adquiridas por Trump y
Hirschfeld en un principio, pero era necesaria una ardua negociación con la
política local para conseguir la rezonificación del lugar y el crédito para
financiarlo.
Trump le vendió su parte a los Macri que se
asociaron con Hirschfeld, conocido como “el señor garaje” porque convirtió
todos los terrenos fiscales y baldíos de Nueva York que adquirió en playas de
estacionamiento.
Trump le vendió entonces su parte a los Macri,
que se asociaron con Hirschfeld, conocido como “el señor garaje” porque había
adquirido todos los terrenos fiscales y baldíos de Nueva York para convertirlos
en playas de estacionamiento. En el final de la década del 90, Hirschfeld
terminó finalmente en prisión, condenado por haber contratado un sicario para
asesinar a un socio, y desde allí mandó matar también a la jueza que seguía su
causa. Un poco después, fue el primero en proponer a Donald Trump como
candidato a presidente.
Durante la investigación para el libro El Pibe
consulté a Mauricio Macri sobre Hirschfeld. “Un chanta, vendía relaciones todo
el tiempo”, me dijo. La misma respuesta le dio Trump a The Washington Post
cuando le consultaron por Sullivan. En los dos casos, esas relaciones tenían
que ver con los permisos que había que conseguir de las diferentes familias de
la mafia neoyorkina para llevar adelante los negocios.
Macri llevó como asesor para el emprendimiento a
José Alfredo Martínez de Hoz. Debían armar una ingeniería financiera que
permitiera obtener un préstamo del banco Chase Manhattan. Al mismo tiempo,
trataban de convencer a la opinión pública progresista de la ciudad para que no
se opusiera a la construcción de torres y para despegarse de la imagen del
grupo argentino cercano a los militares que se había instaladon negativamente
en la prensa local; el Village Voice, por ejemplo, publicaba permanentemente
artículos en contra de la incursión macrista.
Un personaje inesperado se sumó al grupo. Llegó
de la mano de José López Rega -alma mater de la Triple A- y por su vínculo con
Licio Gelli -líder de la organización mafiosa italiana P2. El ex secretario de
Vivienda de Isabel Perón, Juan Carlos Basile, comenzó a oficiar de nexo con los
sindicatos de la construcción y las Familias. “Mauricio me llamó a Buenos
Aires, nos encontramos en el edifico Catalinas y le dije: ustedes creen que
porque conocen las Familias italianas tienen todo cerrado. Pero Nueva York es
distinto, son cinco grupos y tienen repartidos los negocios”.
Con la ayuda del alcalde Koch y muchos millones
distribuidos en prensa, propaganda, sindicatos y concejales, el proyecto
finalmente fue aprobado. Pero el Chase Manhattan, que tenía que otorgar el
crédito para la financiación, exigió que se sumara un “emprendedor reconocido”
y allí volvió Trump a escena. Fueron meses de negociaciones en los que Mauricio
terminó haciéndose íntimo amigo del hoy presidente norteamericano.
Macri: “Yo creo que me ayudó en esa negociación
la audacia de mis veintipico. Trump era loco, caprichoso, y yo llegaba tarde a
las reuniones, se las cambiaba de horario. ‘No, Donald, salgamos con chicas
esta noche y mañana reunámonos a la tarde…’ ”.
“Yo creo que me ayudó en esa negociación la
audacia de mis veintipico. Trump era loco, caprichoso, y yo llegaba tarde a las
reuniones, se las cambiaba de horario. `No, Donald, salgamos con chicas esta
noche y mañana reunámonos a la tarde..` ”, cuenta Mauricio. Trump vino varias
veces a Buenos Aires, donde se alojaba en la quinta Los Abrojos, de los Macri,
en Escobar y en Terrazas de Manantiales. También recorrió Misiones, donde años
más tarde lograría de la mano del actual embajador en España, Ramón Puerta,
quedarse con la privatización del primer Casino privado de la Argentina.
En algún momento, la negociación fracasó. Trump
no se sumó al proyecto, sino que volvió a comprar la parte de Macri con ese
cheque de 150 millones en esa reunión. Franco siempre creyó que había un
acuerdo entre Mauricio y Trump para que ellos llevaran adelante todo el trabajo
y la inversión para conseguir la aprobación del proyecto y la rezonificación, y
devolvérselo al ahora candidato republicano.
Junto a la publicación de The Washington Post
también un libro en Buenos Aires vuelve sobre la oscura relación de Trump con
Mauricio Macri, e indica que no terminaron nada bien. A veinte años de su
secuestro, Natasha Niebieskikwiat sostiene que Franco Macri estaba convencido
que era una venganza de Trump. Tanto que así se lo dijo al entonces embajador
de Estados Unidos en la Argentina, Terence Todman, que le sugirió que
contratara a un investigador ligado a la CIA, Mike Akerman. El ex “topo” de la
Central de inteligencia americana es desde entonces el hombre encargado del
espionaje y la seguridad de Socma, y estuvo implicado en la causa de las
escuchas ilegales cuando Mauricio Macri era jefe de gobierno.
– ¿Sabe que Hirschfeld terminó preso por haber
mandado a asesinar a su socio?, le pregunté a Macri en su despacho de la Casa
de Gobierno de la ciudad.
-¿Preso? ¿El viejo Hirschfeld? Ja, qué buena noticia me
das. Con la plata que me hizo perder.
Fuente: Nuestras Voces

