Nada debería ser más importante en la agenda de la
comunicación emancipadora, que el conjunto de las luchas sociales que se
despliega por el mundo a estas horas. Eso incluye la lucha por los significados
y la lucha por enraizar las praxis más avanzadas como nuevas fuentes culturales
y transformadoras. En un mundo donde reina la industria de la guerra, las
industrias el espectáculo y el crimen organizado… la Paz y los Derechos Humanos
no pueden ser paraísos de anfibologías, ambigüedades ni dobles raseros. “Por el
engaño nos han dominado más que por la fuerza” decía Bolívar.
No queremos la Paz de los sepulcros ni los Derechos Humanos
bajo las bayonetas. No queremos parafernalias filantrópicas ni hipocresía de
propagandas “pacifistas”. No queremos recitales de plañideras. No queremos una
Paz hueca, amorfa ni acomodaticia. Paz no significa inacción. No queremos
treguas camaleónicas disfrazadas de Paz ni queremos Derechos Humanos
individualistas, de pose, de moda o a espaldas de la realidad que margina,
excluye, persigue, explota y humilla a la clase trabajadora en todo el mundo. No
queremos Paz ni Derechos Humanos secuestrados por la palabrería de burócratas o
de sus cómplices serviles al neoliberalismo.
En un mundo en el que el capitalismo financia sin control
“películas de guerra”, series televisivas empapadas con sangre y crueldad,
noticieros ideologizados por la lógica del miedo y el terrorismo de mercado..
en un mundo plagado con pantallas donde desfilan -sin control- asesinatos y
humillaciones contra los seres humanos… la Paz no tiene lugar verdadero si no
se lo gana como producto de las luchas sociales que emergen de los pueblos y
van hacia los pueblos. No queremos “medios de comunicación” tributarios del
estereotipo ideológico que tienen como proyecto de masas imponernos, sin
salidas, la idea de una realidad ensangrentada por siempre. No se olvida
Hiroshima o Nagasaki, no se olvida Vietnam, no se olvida el “Plan Cóndor”, no
se olvida el Apartheid, no se olvidan “Las Torres Gemelas”, no se olvidan las
crisis humanitarias producto de hambrunas, plagas y genocidios. No se olvida,
no debe olvidarse.
Tiene razón Ana Jaramillo en insistir siempre sobre la
necesidad de trabajar en el significado, en el contenido de los conceptos de
Paz y Derechos Humanos. Tiene razón porque en su nombre se han cometido las
peores canalladas y porque en nombre de la Humanidad y de la Paz, proliferan
horrores antihumanos y apocalípticos. Han ensayado silogismos de todo tipo los
“tratadistas” sobre la Paz y los Derechos Humanos pero los resultados, lo
concreto, la praxis… están muy lejos de haber resuelto el problema. Visto lo
visto, el primer paso hacia la Paz debería ser desarmar todo lo que ataca a los
pueblos con todo tipo de armas, es decir, las armas convencionales, las no
convencionales… y las armas de guerra ideológica: universidades mercantilizadas,
monopolios mass media, iglesias alienantes y antivalores oligarcas.
Debería madurar, globalmente, una corriente Ética para la
comunicación emancipadora, capaz de convertir en agenda prioritaria lucha de
los pueblos por la Paz y por los Derechos Humanos. Definir y construir la Paz
sin entelequias y sin cursilerías. No toda lucha anti-guerra es sinónimo de
Paz. Si la Paz implica desarmar a los
pueblos (sin tocar los arsenales de la oligarquía) o negarles su derecho a “la
crítica de las armas”; estamos condenándonos a repetir errores terribles. Lo
que necesitamos es una lucha verdadera contra la industria de la guerra. La Paz
por la Paz misma es un callejón sin salidas en el que los pueblos avanzan hacia
un encierro ideológico con consecuencias objetivas monstruosas.
Deberíamos consolidar una movilización comunicacional
-teórico-práctica- contra el negocio de la guerra (sea del tipo que sea)
entender su naturaleza, sus características, sus ofensivas objetivas y
subjetivas. Las guerras son el comercio por otros medios. Deberíamos consolidar
una corriente crítica y científica para frenar el agobio, con todo género de
violencias, que se despliegan en contra de los seres humanos. Es fundamental la
acción comunicacional desplegada con un programa ético de nuevo género por esa
Paz que sólo tiene sentido si aporta tiempo, espacio y condiciones concretas
para protegernos de los juegos de palabras y los espejismos. Nada debe
distraernos una agenda ética hacia la Paz verdadera sin el gran circo del
sentimentalismo pacifista que la burguesía despliega en sus escenarios
mediáticos. Deberíamos luchar contra lo
que silencia a los pueblos y anestesia su capacidad crítica.
Nos urge una corriente comunicacional ética y científica
para conquistar la Paz que la humanidad anhela y ese anhelo de Paz debe ser
realizado por los pueblos y no por sus enemigos. Corriente ética para
integrarnos a toda iniciativa de Paz, ir a todo movimiento de masas a favor de
la Paz para defender y apoyar el camino con acciones revolucionarias. Porque el
problema no es la Paz, el problema sigue siendo la industria de la guerra
desplegada para seguir adueñándose de los recursos naturales, la mano de obra y
la conciencia de los pueblos. El colmo es que el burocratismo, aliado con la
burguesía, trata de engañar a los pueblos trabajadores haciendo pasar como
“programa de social pacifismo” sus “acuerdos” de negocios. La defensa de la paz
en abstracto es siempre una manera de engañar a la clase trabajadora.
No se trata sólo de ideas. Un programa por la Paz debe ser
dictado por el curso de la historia y de la lucha de clases; debe reflejar y
expresar las necesidades históricas de la Humanidad. Debe proporcionar
respuestas vivas y concretas. La Paz no es oponerse, únicamente, a la guerra,
no se limita a luchar contra los ataques burgueses y todas las locuras
depredadoras de sus ofensivas mercantiles. Reconocer la disputa por el
significado concreto de la Paz y de los Derechos Humanos nos obliga a impulsar
a una Revolución Semántica también en esos campos. Hasta no triunfar no
estaremos en Paz.
Fernando Buen Abad Es mexicano de nacimiento, (Ciudad de
México, 1956). Doctor en Filosofía, Licenciado en Ciencias de la Comunicación.
Dirige el Laboratorio de Escritura Creativa en México y Argentina. Colaborador
editorialista de diversos diarios y suplementos culturales.
Fuentes: Telesur
